En la sombra, el odio clava sus garras,
entre tus besos que se hunden en
vacío.
Mis versos se disuelven, no
logran calmar
el fuego interno que consume mi
rocío.
He perdido el rumbo, el tiempo se
vuelve niebla,
no sé quién soy, sólo busco un
resto de mí.
Meto la mano en el fuego, pero la
cera
se derrite en lágrimas, el dolor
es así.
Las estrellas caen, el alba me
escupe,
mi destino es un resquicio en la
noche sin fin.
Te busco en cada rincón, pero el
alma se escurre,
la esperanza se ahoga en un
abismo gris.
Este amor oscuro se agita en mi
pecho,
y en la penumbra, muero sin
derecho.
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