Otro día más, la tristeza me ahoga,
mi alma busca en el aire una
rendija.
Escribo cartas que se disuelven
en sombra,
busco en tu ausencia un refugio
que no brilla.
Mi habitación es un ecosistema de
llanto,
donde el eco de la soledad se
arrastra.
En el rincón, la canción de hielo
suena lento,
y el dolor se convierte en un
ritual sin paz.
Tus palabras, un adiós que se
desgarra,
me envuelven en la niebla de la
desesperanza.
Quiero desaparecer antes que el
tiempo arrastre
mi existencia a la marea de la
nada.
La soledad es un abrazo frío,
y en la despedida, encuentro mi
desdén.
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