domingo, 4 de enero de 2026

En la Intemperie

Tengo un gran corazón,

y lo odio.

Lo odio porque se desborda,

porque piensa demasiado

y se ahoga en disculpas,

en perdones que nadie pide,

en preocupaciones que caen

en oídos sordos.

Perdono con la facilidad

de quien teme estar solo,

de quien se aferra a un hilo

que se rompe en el aire,

y aún así, sigue sosteniendo

con manos temblorosas.

Siento culpa por lo que no puedo tocar,

por lo que no puedo cambiar,

como si mi alma fuera responsable

de cada sombra,

de cada lágrima que no es mía.

Y en ese laberinto,

me pierdo,

me pierdo de mí mismo.

Me siento solo,

atrapado en el miedo,

el miedo de no encontrar jamás

a alguien que ame

con la misma intensidad

con la que mi corazón

se deshace en el intento,

buscando en la oscuridad

un reflejo,

una luz que me devuelva.


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