Si alguien te ama,
no te arranca la piel
dejándote a la intemperie,
sin más abrigo
que la duda,
sin más consuelo
que la sombra de su adiós.
Prefiero el odio,
la rabia que se agarra al pecho,
que envuelve mis sueños rotos
en llamas.
Me consume menos
que imaginar un mañana
donde su ausencia
es el único eco.
Pero no puedo odiarla.
La quiero.
Y aunque mi corazón
se desangre en esta espera,
aún sueño con un día
donde su nombre no sea
una herida,
sino el verso perdido
que siempre busqué,
una promesa que nunca
debería haberse roto.
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