En lo raro habita lo bello,
en lo distante, lo eterno.
Todo lo excelente es un suspiro,
un destello fugaz,
tan difícil como el eco
de un sueño que apenas
rozamos y ya se desvanece.
En lo raro habita lo bello,
en lo distante, lo eterno.
Todo lo excelente es un suspiro,
un destello fugaz,
tan difícil como el eco
de un sueño que apenas
rozamos y ya se desvanece.
Las emociones son naturales,
queremos sentirlas, no aferrarnos
a ellas.
Siente lo que debas sentir,
pero luego déjalo ir con amor.
Está bien estar herido,
está bien estar triste,
algunos días serán más duros que
otros,
pero estas cosas no te definen.
Tú no eres tristeza,
eres una chica increíble,
que aprende de lo vivido.
Entiendo que te sientas así,
y estaré aquí para cuidarte.
Aunque tu mente grite "no",
hay un secreto en ti,
una llama escondida,
una certeza.
Claro que puedes con todo,
aunque el abismo te mire,
eres increíble,
y eso, nunca lo olvides.
En la noche más oscura,
caemos sin alas,
abismos nos llaman,
la luna distante nos observa,
testigo mudo de nuestras caídas.
En el fondo, donde el silencio
grita,
donde las sombras se abrazan,
nace una fuerza dormida,
una chispa, un rescoldo,
que nos levanta, temblorosos.
Apunta a la luna, lejana,
fría, solitaria en su vigilia,
y si fallas, las estrellas,
te acogerán en su brillo,
en la vasta inmensidad del cielo.
Cada caída es un renacer,
cada error, una lección oculta,
la imperfección es nuestra
esencia,
y en su hueco, hallamos
redención.
Quiero de corazón desatar la sombra,
deshacer el error que envenenó el
jardín,
curar las heridas que dejé
abiertas.
Teníamos algo precioso,
un fuego que merecía cuidado,
pero en mis manos torpes y ciegas
dejé que el silencio lo
destruyera,
sin darnos la voz, sin darnos la
respuesta,
sin luchar como debimos.
No quiero que esta historia se
desangre,
no quiero que se pierda en la
ruina.
Creo en lo que fuimos,
en lo que podríamos ser,
y sé que lo verdadero aún nos
habita,
que aún hay luz en la grieta.
Cada paso hacia ti es un intento,
de reconstruir el amor
desvanecido,
de mostrarte que el latido,
aunque herido, aún canta
en mi corazón quebrado.
En la soledad, el odio se transforma en tormenta,
los demonios de mi pecho me
desgarran sin tregua.
Las lágrimas son mi único
consuelo,
y la luna se convierte en una
presencia hostil.
En el abismo, grito a un cielo
indiferente,
mi corazón se pierde en la
oscuridad.
Corre, niño, antes de que la
noche te engulla,
en la desesperanza, busca un
destello de verdad.
El dolor es una constante herida,
y la soledad es un abrazo que
sofoca.
En el salto, busco una luz que no
llega,
y en el abismo, sólo encuentro mi
condena.
Soy yo el defectuoso,
el que busca fuera
lo que falta dentro.
No hay espejo que me muestre,
no hay respuesta en otros
rostros.
Me falta algo que no encuentro,
un vacío que no se llena,
y mientras tanto,
mi sombra sigue persiguiéndome,
en un ciclo sin fin,
donde siempre soy yo
el que se pierde en su propio
reflejo.